Antonio María Peñaloza.
Antonio María Peñaloza.
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Radio Nacional de Colombia

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'Te olvidé', el himno de un amor que se niega a morir y se revitaliza en cada Carnaval

Es el decreto oficial que da apertura al desorden sagrado, la obra maestra de Antonio María Peñaloza que, en la voz de la Sonora Curro, se convirtió en el código genético de nuestra identidad.

Por Geraldine de la Hoz

Basta que el primer lamento de la trompeta rasgue el aire para que el corazón del barranquillero dé un vuelco instintivo. "Te olvidé" no es solo una canción; es el decreto oficial que da apertura al desorden sagrado, la obra maestra del maestro Antonio María Peñaloza que, en la voz de la Sonora Curro, se convirtió en el código genético de nuestra identidad.

Es una contradicción poética convertida en ritmo de garabato: mientras la letra sentencia el final de un amor con un desdén absoluto, la música nos arrastra a una celebración frenética de la vida. Es el himno que nos enseña que en esta esquina del mundo, incluso el olvido se baila, se suda y se canta a grito herido.

Escuchar esta pieza en medio de una verbena o en el fragor de la Vía 40 es presenciar una catarsis colectiva. El sonido punzante de la flauta de millo se enreda con el repique de los tambores, creando una atmósfera donde el tiempo se detiene.

Allí, las polleras no solo giran; ellas cuentan historias de mujeres que han bailado esta misma pieza por generaciones, agitando sus faldas como si con cada movimiento sacudieran las cenizas de los amores pasados. Es el triunfo de la alegría de Barranquilla, una fuerza que no pide permiso y que nos invade hasta que el último gramo de maizena se ha posado sobre nuestra piel.

El Carnaval es ese lienzo infinito donde el rojo, el negro y el amarillo del garabato desafían la monotonía del resto del año. Entre el brillo de las lentejuelas y el aroma a frito que viaja con la brisa, la ciudad se entrega a un rito de paso. La canción nos recuerda que, aunque la vida nos presente finales, siempre habrá un tambor que nos llame a empezar de nuevo.

Es la magia de la "Puerta de Oro": convertir un adiós en una fiesta de colores que se extiende desde el Barrio Abajo hasta las entrañas de Rebolo.

Sin embargo, hay una mentira piadosa en cada estrofa de esta melodía inmortal. Porque aunque el coro insista una y otra vez en un rotundo "Te olvidé", la realidad es otra bajo este cielo caribeño. Podrán pasar los siglos y cambiar las modas, podrán silenciarse los picós y guardarse los disfraces, pero Barranquilla nunca olvidará.

No olvidará a sus maestros, no olvidará el sudor de sus bailadores, ni la mística de sus barrios. Esta ciudad tiene una memoria tatuada en el cuero de sus tambores; y aunque cantemos al olvido con el alma encendida, cada nota de este himno asegura que nuestra esencia, nuestro sabor y nuestra historia serán, para siempre, inolvidables.

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